miércoles, 11 de enero de 2012

29 motivos para soñar

Zamora está acostumbrada a perder. Un estigma de años, de siglos, eterno. Incluso a veces los zamoranos, emigrantes por naturaleza, expandimos ese pesimismo por los lugares que "conquistamos". Este pesimismo nos obliga, sin darnos cuenta, a devaluar lo propio y aumentar el valor de lo ajeno. Un estigma zamorano, digno de estudio, al menos.

Cuando en el Zamora CF había vacas gordas, el zamorano de a pie salía para decir su frase más típica:"No interesa subir" o la casi tan tópica "No hay dinero". Frases que han ido pasando de padres a hijos de una forma tan interna que hasta los escépticos empezaron a creerlas. En los mejores momentos de su historia, siempre los rojiblancos se sintieron inferiores a alguien.

Algunas de esas veces, pese a sentirse inferiores,
consiguieron gestas importantes: Empatar en el Carranza, vencer 4 - 2 al Athletic B, el 1-1 en el Pizjuán o el 1-2 en Linarejos. Incluso en esos momentos de mayor alegría, el pesimismo zamorano se dejaba notar al seguir sintiéndose inferiores al equipo rival. Quizá, únicamente en Castalia, tras haber remontado en casa un 0-1 en 45 minutos, toda la ciudad se creyó, por primera vez en su historia, que podían ser los buenos de la historia.


Tras años de luchar por lo máximo, de grandes jugadores, de acariciar la Segunda División, las vacas gordas se acabaron, y al Zamora le tocó luchar por objetivos más bajos. Entonces, y sólo entonces, el Zamora empezó a pensar en crear un proyecto, una modelo de club, un estilo de fútbol. Para crear ese nuevo Zamora CF se contrató a Ricar que ya conocía la ciudad y que comenzaba su andadura como técnico. El plantel, lleno de viejas glorias y jugadores que nunca llegaron a cuajar acabó con un Ricar que se puso nervioso a las primeras de cambio. Otros dos cambios más de técnico y un cambio de presidente fueron suficiente para que el posible modelo de club se derrumbara. Los resultados primaron sobre la filosofía.

Con la llegada del verano de 2011, el club tenía que volver a reinventarse y apostar por un modelo de club de nuevo. Un modelo en el que la cantera tuviera un papel fundamental en la base del equipo. Un idea de club perseguida desde hace años, pero no llevada a cabo hasta la actualidad (se peleó por tener un filial en regional, se apostó por las categorías inferiores gracias al trabajo de Luis Alfredo Puente y de Luis de Mena y todos los entrenadores que han trabajado en ellas y se intentaron crear alianzas con otros clubes de la provincia y de la región). Un modelo de club sostenible que imitaba lo que otros clubes modestos habían ido realizando durante las últimas temporadas.

Al modelo le faltaba un único paso, la adaptación del modelo al primer equipo. Renovación de plantillas, filosofía de juego y modelo de club. El nuevo modelo le otorgaba la parte deportiva a Parras, ex-entrenador del Villaralbo entre otros y el mando del primer equipo a Roberto Aguirre, que le había cambiado la cara al equipo la pasada campaña. Quizá el mayor aval de Aguirre era la confianza que había mostrado en los juveniles Dani Hernández, Jorge Hernández
y Carlos Ramos. El tercero marchó al Atlético de Madrid, pero los otros dos, junto con Garretas pasaron a formar parte de las alineaciones del asturiano. Junto a ellos, Dani Mateos y Pablo han tenido su oportunidad de debutar en estas primeras 19 jornadas. Además volvía Miguel Santos a su equipo de formación y seguían de años anteriores Hugo Aguado, Miguel y Rubén Luceño. Un equipo que contaba con 7 canteranos habitualmente y con
otros 3 (Dani Mateos, Pablo y Eguileor) de forma puntual. Junto a ellos otros dos zamoranos con varias temporadas en el equipo (Agustín y Manu Arias) y otros dos jugadores que continuaban de la pasada campaña (Sergio Sánchez y Jairo Álvarez). El margen de maniobra para confeccionar la plantilla era escaso y por eso el nuevo modelo de club del Zamora CF tenía que ponerse en marcha.

Con motivo de la necesidad de implantar un modelo basado en los zamoranos, el pesimismo invadió la ciudad. Acostumbrados a devaluar la valía de los de aquí, el aficionado medio se pasó la pretemporada pensando en como íbamos a salir al año siguiente del pozo de la Tercera División. El nuevo modelo del Zamora CF echaba a andar en Ponferrada y frente a un Mirandés más equipo de Segunda que de Segunda B. Dos derrotas y la grada podía hacer alarde su pesimismo histórico y comenzaba a pedir cambios en el equipo. Otros dos empates en Torrelavega y frente al Osasuna Promesas dejaban a los rojiblancos con dos puntos de doce posibles. Pobre bagaje para el equipo que se codeaba con los puestos de descenso. Sin embargo, tras el descanso en Zubieta todo cambió. Tres goles y este Zamora comenzó a funcionar. Ha
funcionado tanto y tan bien que al final de la primera vuelta los rojiblancos tienen 29 puntos, 29 razones para soñar con un modelo de club que funciona. 29 alegrías para una afición acostumbrada al pesimismo que ve como este estilo, con tiempo, puede devolverle las alegrías. Comienzan a oirse rumores sobre el futuro de una gran aprte de los jugadores del club, jugadores que comienzan a tener varias novias por la geografía zamorana, jugadores que, de irse, dejarían un caudal de dinero para limpiar las arcas zamoranas. Y detrás de ellos, la fábrica de jugadores rojiblancos sigue funcionando. Roberto Aguirre sigue mirando al "B" (Rubén Luceño, Eguileor, Dani Mateos, Fernando) y al juvenil (Pablo y Cristian se ejercitan con el primer equipo en algunas sesiones) y el trabajo de cantera con Luis de Mena a la cabeza sigue funcionando a la perfección.

El futuro del club pasa por seguir este estilo. Por dar máximos poderes a Luis de Mena para que siga creando una forma de fútbol en los Anexos del Ruta de la Plata. Renovando a Roberto Aguirre, para que, desde ya, pueda empezar a confeccionar la plantilla del año que viene y trabajando en un Zamora de futuro, y sobre todo, haciendo que este modelo crezca año a año, y el zamorano vuelva a acercarse al Ruta de la Plata e intente, de una vez por todas, quitarse el complejo de inferioridad.

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