En 1995, durante un verano en Marbella, Nacho Aranda, periodista de Canal +, por entonces en Antena 3, cubría el debut de Radomir Antic en el banquillo del Atlético de Madrid. La pregunta del periodista al técnico serbio fue clara: "¿Por qué va a durar usted más que los anteriores entrenadores?". Hoy, en 2011, 16 años y medio más tarde la pregunta sigue igual de vigente. Un periodista cualquiera podría acercarse a la rueda de prensa de Simeone y preguntarle qué tiene él que le hará durar más que sus predecesores. Probablemente el "Cholo" no tendrá la respuesta. Es dificil tener la respuesta cuando por el vlub han pasado entrenadores de la casa como Abel Resino o Luis Aragones, hombres que se han labrado un buen curriculum en el fútbol español como Quique Sánchez Flores, Javier Aguirre o Marcos Alonso o técnicos muy respetados en el extranjero como Radomir Antic, Claudio Ranieri o Arrigo Sacchi. El elenco de entrenadores utilizados deja poco margen a que el nuevo inquilino del banquillo del Manzanares pueda traer consigo algo que sea distinto a lo que ya han ofrecido sus antecesores.
Desde la eliminación del club colchonero a manos del Albacete en la Copa del Rey, mucho se ha hablado de la comparación entre los técnicos (o el técnico) que ha tenido el Manchester United y la lista de técnicos que desde que la familia Gil se hiciera cargo del club en 1987 han pasado por el banquillo rojiblanco. Sin embargo, no hace falta irse tan lejos para comprender la magnitud de la inestabilidad en la que vive sumido este club. Desde 1987, el Atlético de Madrid ha cambiado de técnico 49 veces (aunque algunos entrenadores como Antic, Aragonés, Heredia... lo hicieron en diversas épocas), en este mismo tiempo, los otros tres clubes que históricamente se han disputado la hegemonía de la liga española están muy lejos de esa cifra. El Real Madrid, que en toda su historia ha tenido 40 entrenadores distintos, en este tiempo cambió de técnico 26 veces, casi la mitad que los atléticos. Por su parte, el Fútbol Club Barcelona solo hizo en este tiempo 14 cambios de entrenador y para llegar a los 49 cambios habría que remontarse hasta 1941. Por su parte, los bilbainos del Athletic cambiaron 21 veces de entrenador en esta época.
Sin embargo la comparación atlética ya no es sólo con los que otrora eran sus grandes rivales por el título, otros equipos de la zona media - alta, que luchan en la actualidad con los rojiblancos por clasificarse para la Uefa Champions League, como pueden ser el Valencia, el Villareal o el Sevilla, también han modificado sus banquillos en menos ocasiones. Los chés han tenido 23 cambios de entrenador, el submarino amarillo cuenta a Molina como el integrante 12 del banquillo y los sevillistas han cambiado 24 veces.
Si el vaiven de entrenadores y de estilos futbolísticos fuera poco, durante le época de la familia Gil, la cantera fue suprimida dejando que los jóvenes valores que entrenaban soñando con algún día poder llegar al Calderón, viajaran a otros equipos. Años más tarde, cuando el daño estaba hecho, se volvió a crear esta infraestructura que comienza a funcionar. Desde ese momento, la política de fichajes, presidencialista, inició una carrera agónica por conseguir la última ganga del mercado que normalmente no traía consigu ningún rendimiento deportivo. Muestra de esa inestabilidad deportiva son los doce fichajes (más tres jugadores que vuelven a la disciplina rojiblanca tras cesión) que se han fichado esta temporada.
Sin embargo, el problema del Atlético de Madrid está en la urgencia histórica, en la inestabilidad. Cambios de entrenadores, cambios de filosofía, cambios de jugadores e incluso un futuro cambio de estadio. Múltiples cambios intentando buscar, de forma milagrosa, el botón que accione el funcionamiento de la máquina rojiblanca abandonando por completo una idea de club, una filosofía que es la que ha llevado, la mayor parte del tiempo, al resto de clubes y al propio Atleto a cosechar éxitos.
El bucle atlético comienza a enrocarse durante casi 25 años y la diosa fortuna, que aisladamente ha sonreido a los rojiblancos, comienza a tener cada vez más difícil su papel en un club que juega a la ruleta rusa y al que solo le queda un activo con el que seguir apostando: su afición.
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