miércoles, 8 de febrero de 2012

Y los sueños... sueños son.



Se acabó el sueño del Mirandés, el del fútbol modesto. Un equipo que había conseguido reunir delante del televisor a los que cada día juegan un fútbol de barro. A jugadores, entrenadores y sobre todo, aficionados. Un equipo que había conseguido ganarse la simpatía de casi toda la nación y había logrado que, su visita, se convirtiera en una fiesta en otros campos del grupo II.
No han sido los pioneros ni serán los últimos en lograr este tipo de éxitos. Toledo, Guadix, Numancia, Alcorcón... historias pasajeras que lograron su minuto de gloria y tuvieron que buscarse un futuro lejos de los focos. Algunos lo aprovecharon y otros lo guardaron en la hemeroteca.
Quizá el caso del Mirandes nos ha tocado más cerca, nos ha coincidido en la época en la que más vivimos la Segunda B o quizá, en estos tiempos de crisis, parece que la Primera División está más lejana que nunca. Lo que es ya irrefutable es que el Mirandés se ha ganado, durante unos meses, la admiración de muchos y los focos de unos pocos. Focos, que si no se consolidan con un ascenso a final de temporada, quedarán archivados junto a los que en su día vivieron otros héroes de esta competición.
Probablemente, el final de este cuento, de este sueño que tenía que terminar, no podía tener un mejor escenario que La Catedral celebrando el pase a la final como un gran éxito.
Y hoy, esta mañana, en todos los puntos de España, y en Anduva, epicentro del fútbol modesto, ya ha habido que ponerse las botas y mirar al fin de semana, a la eliminatoria nuestra de todos los días, dónde casi siempre se ponen en juego mucho más que tres puntos.

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