domingo, 25 de septiembre de 2011

Carlos Sastre, de héroe a villano

La memoria es selectiva, caduca y muy frágil. El pasado se olvida con facilidad y sólo se vive del presente. Carlos Sastre se encontró de un día para otro con su presente, con un presente que le devolvía como una bofetada a la realidad del pelotón. Tras alcanzar la gloria lo único que puede venir después es el descenso a los infiernos, como después de coronar un puerto hay que lanzarse como un loco colina abajo y esquivar a la muerte en cada curva para poder alcanzar la gloria, que casi siempre viaja más rápido.
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Madrileño de nacimiento, el ciclista al que representa nació en Ávila, en el Barraco, en las mismas cuestas en las que se fraguó una leyenda llamada Chava. Su caracter le llevo siempre a ser un gran gregario. Una hormiga que subía puertos sin hacer ruido, todo lo contrario que su cuñado; antagónicos y a la vez tan cercanos en su visión del ciclismo. Tocó el cielo por primera vez en el 2000, ganador de la montaña en la Vuelta a España, un premio al alcance de muy pocas piernas y que el año anterior había ganado con solvencia Jiménez.

Nunca esquivó su papel de segundo de abordo, de acompañante en las cimas francesas que le relevaba a posiciones traseras en la clasificación, y a luchar, con las fuerzas que le quedaran, en las otras dos grandes del ciclismo. Su calidad le valió para hacer podium en Giro y Vuelta y, como no, para llegar a lo máximo que puede aspirar un ciclista, llevar el amarillo en París.

Todo el mundo recuerda Alpe d'Huez, sus lágrimas, su etapa con sabor a ciclismo de antaño, la impotencia de un pelotón de favoritos sin un claro favorito... Alpe d'Huez no ha sido más que otra muesca en los cielos de Alpes y Pirineos, otra exhibición del abulense. De lo que ya pocos se acuerdan, triste fragilidad de la memoria, es de la crono final. Del monstruo Evans apretando desde atrás, de la serenidad que transmitió en todo momento Carlos y de sus palabras al llegar a meta: "Este es un sueño que queríamos los dos, seguro que desde allí me ha ayudado". El Chava, desde dónde estuviera, empujó a su cuñado a tocar una gloria que tenía bien merecida.

Con ese Tour, Sastre se ganó el lugar entre los grandes que tanto merecía. Pero entonces llegó el descenso. No hace falta que fuera pronunciado, ni siquiera tenía porque ser duro, pero es muy dificil repetir hazañas en la Grande Buclé. Los focos le apuntaban más que nunca y cada paso que daba era comentado por miles de personas. La gente le menospreció, como menospreció a tantos otros ganadores que no pudieron reeditar su triunfo. Olvidaron sus grandes gestas, sus victorias de etapa, sus ataques suicidas, sus tres podiums seguidos en Tour, Vuelta y Giro. Parece que tras ganar un Tour ya nada vale, excepto volver a ganarlo. Y la gente, desmemoriada, olvidó que Sastre era un campeón y comenzaron a tratarlo como un héroe caído, como un villano.

Carlos es un gregario, un luchador, no le gustan los focos, las luces, los escenarios. A Carlos le gusta trabajar para otros, sentirse libre de atacar. Le gusta ayudar para que Cobo gane la Vuelta a España. Y ahora, con la satisfacción del que se sabe con el trabajo hecho, volvíendose a sentir útil, se va. Deja el ciclismo en activo, pero seguirá, seguro, entre bambalinas, en El Barraco, enseñándole a los futuros ciclistas del mañana a esperar su momento, que llega, siempre llega.

Gracias por todo, Carlos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Dani Giménez: De suplente del Zamora a Zamora de Primera

Dani Giménez es la sensación de la Primera División. Debutante en la categoría, le han bastado tres jornadas para convertirse en el portero menos goleado, empatado con Courtois y Casto, porteros de Atlético de Madrid y Betis, respectivamente. Por si fuera poco conseguir este momentáneo galardón defendiendo los colores de un modesto, como es el Rayo Vallecano, la situación por la que están pasando sus jugadores, sin cobrar desde hace meses, la da más valor a este premio. Sin embargo, Dani Giménez está acostumbrado a luchar contra los elementos en su carrera que nunca fue fácil.
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Dani Giménez nació en Vigo en 1983. Criado en la cantera del Celta de Vigo fue subiendo escalones hasta llegar al filial celeste. Sus actuaciones en A Madroa no dejaban indiferente a nadie y su ilusión, por ser el primer portero del equipo de su ciudad, crecía. No obstante, el puesto de portero es muy difícil para seguir avanzando por los pocos cambios que se producen y encontró un escollo en el Celta B que no fue capaz de superar. Y como dice el refrán que nadie es profeta en su tierra, Dani decidió que si quería triunfar en el fútbol, pues este seguía siendo su objetivo, debía salir de Galicia.

En el verano de 2004 recaló en el Zamora CF con el objetivo de llevar a los rojiblancos a un nuevo play-off de ascenso a Segunda División. Su puesto en el arco lo lucharía con Vilches, que venía de descender con el Marino de Luanco a Tercera División, y con José Luis, portero de la casa. Parecía que este podía ser el año del relanzamiento de Dani, pero se topó con la mejor temporada de Vilches en su carrera. El portero asturiano estuvo a punto de batir el record de imbatibilidad de Abel Resino. El momento dulce de Vilches frustró las opciones de Dani que se pasó el año en blanco.

No se rindió el gallego y al año siguiente, con los mismos protagonistas siguió buscando su lugar como portero titular del Zamora CF. El mal momento de los zamoranos, coqueteando con el descenso, convenció a Raúl González, entrenador en aquel entonces de los rojiblancos, para alternar en la portería. Dani Giménez alternó grandes actuaciones con algunos fallos escandalosos que le hicieron tener en contra al público, que por otra parte, seguía encandilado de Vilches. Los fallos se fueron reduciendo a medida que el juego del equipo mejoraba y la situación se solucionaba. El equipo consiguió salvar la categoría y Dani se asentó en la titularidad.

Comenzó el año 2006 como portero indiscutible del Zamora CF y fue ganándose, parada a parada, el corazón de su afición. El gallego se fue convirtiendo en pieza insustituible en los planes de los castellano y leoneses, y los llevo a los dos últimas fases de ascenso de su historia.

En el año 2007, tras una temporada épica, el Zamora CF se cuela en la fase de ascenso con Benidorm, Linares y Rayo Vallecano. Los rojiblancos consiguen superar la primera fase venciendo en Linarejos, con una gran actuación de Dani que se tiene que retirar lesionado por un golpe de Catanha, ex - jugador del Málaga CF. Pese a los dolores, Dani se recupera para jugar la eliminatoria final frente al Rayo Vallecano, dónde, en parte gracias a la gran actuación de Dani, el Zamora está a tan sólo un gol de ascender a Segunda División. Los dirigentes vallecanos quedan prendados del portero gallego e intentan su contratación. Finalmente, llegan a un acuerdo con el presidente del Zamora CF para que Dani cumpla su contrato en el cuadro rojiblanco y, al finalizar la siguiente temporada, desembarque en Vallecas.

En la última temporada de Dani como rojiblanco, con una plantilla que no era de play-off, el Zamora logra colarse de nuevo en una fase de ascenso, aunque cae eliminado en primer ronda por el Villareal B. En el último partido del galaico en el Ruta de la Plata, la afición le obliga a salir de vestuarios una vez finalizado el encuentro, para poder despedirse de él.

Con la misma ilusión con la que llego a Zamora, Dani desembarca en Madrid. Los dirigentes del Rayo Vallecano le fichan para ser el suplente de Cobeño, Zamora de Segunda División, pero Dani quiere triunfar por delante de él. Pepe Mel confía en Cobeño y relega a Dani a la Copa del Rey. No obstante, sus grandes actuaciones en esta competición, especialmente en la eliminatoria frente Al Athletic Club de Bilbao, le hacen conseguir la titularidad por delante de Cobeño. La destitución de Mel, dando paso a Felipe Miñambres, no cambia la situación de Dani que acaba la temporada como portero titular de los franjirrojos.

En el año 2011 llega Sandoval al banquillo de Vallecas, y con él vuelve Cobeño a la titularidad. Poco a poco, el gran trabajo de Dani va dando sus frutos y finaliza, la temporada del ascenso a Primera División, como uno de los baluartes del equipo. Una vez más, el tesón, la entrega y el trabajo del gallego; habían dado sus frutos, era portero de Primera División.

El camino de Dani no acaba aquí, su juventud, solamente 28 años, le permite seguir avanzando en su carrera. En su primer año en primera, y aunque solo se lleven tres jornadas, comparte el galardón de Zamora de la categoría con dos porteros de equipos de renombre. Es muy difícil que mantenga este galardón por delante de jugadores como Víctor Valdés o Iker Casillas, pero el niño que deslumbraba en los campos de A Madroa, el chaval que comenzó siendo suplente en el Zamora, ahora es el Zamora de la mejor liga del mundo.