Agustín Villar Hernando es el capitán del Zamora CF desde que Dani marchara a Vallecas dispuesto a triunfar en primera división años más tarde. Agustín cogió la capitanía en su tercera temporada tras jugar dos play-offs de ascenso con los rojiblancos, tiempo suficiente para empezar a ganarse el respeto de su afición.
En la tercera temporada, la primera del sufrimiento para la parroquia zamorana, Agustín se ganó la admiración de sus compañeros, el respeto de sus entrenadores (hasta tres hombres cogieron el banquillo rojiblanco ese año: Ricar, Beto y Liceranzu) y la confianza del presidente que lo había fichado y que ese año abandonaba el barco tras muchos años dirigiéndolo.
Desde ese tercer año hasta la actualidad tocaban tiempos duros para el club y para el capitán y es en esos momentos cuando el brazalete cobra mayor sentido. A los problemas deportivos, cuajando las peores campañas de la última década, se unió una zozobra institucional que hizo peligrar el futuro del club. Además, las lesiones obligaron a Agustín a ver desde la grada demasiados partidos.
En la ciudad se empieza a cuestionar el futuro del "4" por las lesiones de los últimos dos años. Entre ambas el capitán va a acumular más de 24 jornadas de liga perdidas, demasiadas para un hombre de tanto peso en el equipo.
Quizá el problema no sean las 10 jornadas de liga que el de Peleagonzalo se puede perder este año, cifra que muchos otros jugadores acumulan a lo largo de una liga entre pequeñas lesiones. quizá el problema es la dependencia que el equipo ha tenido de su brújula durante estos cinco años.
El año que Agustín aterriza en Zamora proveniente del Guijuelo es prácticamente un descnocido para los aficionados rojiblancos. Ese año lleva el dominio de los partidos junto con Aitor Sanz en la medular y es el madrileño el que se lleva toda la gloria, con merecimiento pues cuaja una gran campaña. Agustín, sin embargo, consigue robarle la titularidad a uno de los flamantes fichajes de este año, Iván García, que solo aparece para meter un gol en Vallecas y darle esperanzas de ascenso a los zamoranos. Ni siquiera la llegada en el mercado de invierno de Sergio Torres, que acabará jugando por delante del doble pivote, es capaz de restarle protagnismo a Agustín. Ese año Agustín juega 36 de los 42 partidos que juega el Zamora.
Al año siguiente Agustín tiene que sobrevivir a la marcha de Aitor Sanz, sin embargo la compañía de Curro Vacas y de Marcos Rodríguez le sirve al zamorano para volver a meter en el play-off a su equipo. Ese año la importancia del de Peleagonzalo aumenta y es que juega 38 de los 41 partidos del equipo.
Su tercer año en Zamora es el de la consagración. Agustín había conseguido rendir a un gran nivel en equipos de play-off, sin embargo, un cambio en el proyecto, obliga a los rojiblancos a pelear por no descender y Agustín tiene que ser el faro en un centro de campo que decepciona con fichajes de hombres que estaban de vuelta. Edu Roldán o Txiki no dan el nivel previsto y solo la irrupción de Curro, y la llegada en Diciembre de Gallardo, le dan empaque a un equipo roto. Agustín juega 35 de los 40 partidos que disputa el equipo zamorano.
Agustín, tras tres años, firma 109 partidos de 123 posibles, es decir, el 89% de los partidos posibles. La importancia del jugador aumenta si además tenemos en cuenta que en esos tres años son cuatro los entrenadores que cuentan de forma continua con el pivote.
Tras tres temporadas "gloriosas" para el zamorano, la cuarta comienza con él como estandarte del equipo junto con Manu Arias. Dos zamoranos llamados a reconducir la situación del equipo. Tras miles de problemas institucionales, económicos y deportivos, el Zamora tendrá que volver a pelear por no descender. Agustín es pieza clave en el centro del campo, aunque el mister no acaba de encontrar la tecla de su acompañante. Por el centro del campo desfilan Manu Arias, Jeffrey, Gallardo, Etxaniz, Mario Núñez, Kike Vázquez y Carlos Ramos. Siete jugadores diferentes para acompañar o para suplir a Agustín. Y es que el capitán se lesionó en la primera vuelta y se perdió doce jornadas entre recaidas y recuperaciones que hicieron que el equipo pasara una de sus peores crisis y que acabara con el cese de Liceranzu.
Con Aguirre el equipo reaccionó, aunque timidamente y únicamente la vuelta de Agustín le dio alas al equipo para escapar del descenso. Su entrada en Barakaldo, posiblemente el partido clave de la temporada, fue fundamental para que el equipo remontase un partido que tenían perdido. Con la aparición de Agustín en la segunda mitad de la jornada 30, los rojiblancos sumaron en esos 8 partidos y medio 14 puntos, el 33% de los que consiguieron los rojiblancos en toda la liga.
El debate sobre su lesión se abría el año pasado y la renovación de Roberto Aguirre daba motivos a algunos de sus detractores a decir que este año iba a ser suplente. Para su puesto se fichaba a tres hombres: Nacho Matador, Jocobo Trigo y Josete Malagón. Hasta el momento de su lesión no consiguieron sentarle en el banquillo y compartió la batuta del equipo con Nacho Matador. Ahora, con su lesión, jacobo se ha destapado y parece crecer a pasos agigantados.
Ahora a Agustín le esperan dos o tres meses en la grada. El equipo parece de momento no echarlo excesivamente de menos. Después del tiempo de recuperación deberá luchar por recuperar su posición en el once titular frente a Jacobo y Nacho. Josete parece ser que seguirá ocupando la defensa excepto cuando falte uno de los dos anteriores. El valor del capitán en lo deportivo parece inexcusable cuando ha convencido a Tomé, Ricar, Beto, Licenrazu y Aguirre, cuando ha sentado en el banquillo a Iván García, Edu Roldán, Curro Vacas, Jeffrey Hoogervost o Jacobo Trigo. Las dos últimas lesiones graves no han hecho más que agrandar su mito vivo y su importancia.
Al Zamora le toca sobrevivir sin su capitán, ausente durante mucho tiempo en los últimos dos años, pero desempeñando entre la afición esa función que le obliga su brazalete. El capitán está ausente, el capitán está dormido. Despertará para seguir conduciéndonos a la victoria.
En la tercera temporada, la primera del sufrimiento para la parroquia zamorana, Agustín se ganó la admiración de sus compañeros, el respeto de sus entrenadores (hasta tres hombres cogieron el banquillo rojiblanco ese año: Ricar, Beto y Liceranzu) y la confianza del presidente que lo había fichado y que ese año abandonaba el barco tras muchos años dirigiéndolo.
Desde ese tercer año hasta la actualidad tocaban tiempos duros para el club y para el capitán y es en esos momentos cuando el brazalete cobra mayor sentido. A los problemas deportivos, cuajando las peores campañas de la última década, se unió una zozobra institucional que hizo peligrar el futuro del club. Además, las lesiones obligaron a Agustín a ver desde la grada demasiados partidos.
En la ciudad se empieza a cuestionar el futuro del "4" por las lesiones de los últimos dos años. Entre ambas el capitán va a acumular más de 24 jornadas de liga perdidas, demasiadas para un hombre de tanto peso en el equipo.
Quizá el problema no sean las 10 jornadas de liga que el de Peleagonzalo se puede perder este año, cifra que muchos otros jugadores acumulan a lo largo de una liga entre pequeñas lesiones. quizá el problema es la dependencia que el equipo ha tenido de su brújula durante estos cinco años.
El año que Agustín aterriza en Zamora proveniente del Guijuelo es prácticamente un descnocido para los aficionados rojiblancos. Ese año lleva el dominio de los partidos junto con Aitor Sanz en la medular y es el madrileño el que se lleva toda la gloria, con merecimiento pues cuaja una gran campaña. Agustín, sin embargo, consigue robarle la titularidad a uno de los flamantes fichajes de este año, Iván García, que solo aparece para meter un gol en Vallecas y darle esperanzas de ascenso a los zamoranos. Ni siquiera la llegada en el mercado de invierno de Sergio Torres, que acabará jugando por delante del doble pivote, es capaz de restarle protagnismo a Agustín. Ese año Agustín juega 36 de los 42 partidos que juega el Zamora.
Al año siguiente Agustín tiene que sobrevivir a la marcha de Aitor Sanz, sin embargo la compañía de Curro Vacas y de Marcos Rodríguez le sirve al zamorano para volver a meter en el play-off a su equipo. Ese año la importancia del de Peleagonzalo aumenta y es que juega 38 de los 41 partidos del equipo.
Su tercer año en Zamora es el de la consagración. Agustín había conseguido rendir a un gran nivel en equipos de play-off, sin embargo, un cambio en el proyecto, obliga a los rojiblancos a pelear por no descender y Agustín tiene que ser el faro en un centro de campo que decepciona con fichajes de hombres que estaban de vuelta. Edu Roldán o Txiki no dan el nivel previsto y solo la irrupción de Curro, y la llegada en Diciembre de Gallardo, le dan empaque a un equipo roto. Agustín juega 35 de los 40 partidos que disputa el equipo zamorano.
Agustín, tras tres años, firma 109 partidos de 123 posibles, es decir, el 89% de los partidos posibles. La importancia del jugador aumenta si además tenemos en cuenta que en esos tres años son cuatro los entrenadores que cuentan de forma continua con el pivote.
Tras tres temporadas "gloriosas" para el zamorano, la cuarta comienza con él como estandarte del equipo junto con Manu Arias. Dos zamoranos llamados a reconducir la situación del equipo. Tras miles de problemas institucionales, económicos y deportivos, el Zamora tendrá que volver a pelear por no descender. Agustín es pieza clave en el centro del campo, aunque el mister no acaba de encontrar la tecla de su acompañante. Por el centro del campo desfilan Manu Arias, Jeffrey, Gallardo, Etxaniz, Mario Núñez, Kike Vázquez y Carlos Ramos. Siete jugadores diferentes para acompañar o para suplir a Agustín. Y es que el capitán se lesionó en la primera vuelta y se perdió doce jornadas entre recaidas y recuperaciones que hicieron que el equipo pasara una de sus peores crisis y que acabara con el cese de Liceranzu.
Con Aguirre el equipo reaccionó, aunque timidamente y únicamente la vuelta de Agustín le dio alas al equipo para escapar del descenso. Su entrada en Barakaldo, posiblemente el partido clave de la temporada, fue fundamental para que el equipo remontase un partido que tenían perdido. Con la aparición de Agustín en la segunda mitad de la jornada 30, los rojiblancos sumaron en esos 8 partidos y medio 14 puntos, el 33% de los que consiguieron los rojiblancos en toda la liga.
El debate sobre su lesión se abría el año pasado y la renovación de Roberto Aguirre daba motivos a algunos de sus detractores a decir que este año iba a ser suplente. Para su puesto se fichaba a tres hombres: Nacho Matador, Jocobo Trigo y Josete Malagón. Hasta el momento de su lesión no consiguieron sentarle en el banquillo y compartió la batuta del equipo con Nacho Matador. Ahora, con su lesión, jacobo se ha destapado y parece crecer a pasos agigantados.
Ahora a Agustín le esperan dos o tres meses en la grada. El equipo parece de momento no echarlo excesivamente de menos. Después del tiempo de recuperación deberá luchar por recuperar su posición en el once titular frente a Jacobo y Nacho. Josete parece ser que seguirá ocupando la defensa excepto cuando falte uno de los dos anteriores. El valor del capitán en lo deportivo parece inexcusable cuando ha convencido a Tomé, Ricar, Beto, Licenrazu y Aguirre, cuando ha sentado en el banquillo a Iván García, Edu Roldán, Curro Vacas, Jeffrey Hoogervost o Jacobo Trigo. Las dos últimas lesiones graves no han hecho más que agrandar su mito vivo y su importancia.
Al Zamora le toca sobrevivir sin su capitán, ausente durante mucho tiempo en los últimos dos años, pero desempeñando entre la afición esa función que le obliga su brazalete. El capitán está ausente, el capitán está dormido. Despertará para seguir conduciéndonos a la victoria.